Somos conscientes, en general, que el hábito no hace al monje. Es decir, que el uso constante de herramientas no hace que seamos expertos en implementar dichas herramientas. El uso continuo del coche no me convierte en experto mecánico, uso la moda pero no me hace ser Karl Lagerfeld (gracias por esos diseños Karl, te echaremos de menos), ser consumidora de Star Wars no me convierte, muy a mi pesar, en Caballero Jedi. Y, por el contrario, cómo soy un gran usuario de ordenador, tablet, móvil e internet sé perfectamente cómo debe realizarse una herramienta software.    

Esto ha pasado desde el principio del uso del ordenador de manera habitual. La gente te hablaba, alegremente y sin ningún prejuicio, del hardware y del software sin saber muy bien la diferencia que hay entre ambos o lo típico de…, no me puedes engañar porque sé de lo que me estás hablando que programo el Word o el Powerpoint, (parece sorprendente pero eso me ha llegado a pasar y no hace tanto de ello).

En la actualidad, vamos a reuniones donde te hablan, con un conocimiento de causa pasmoso, de que quieren herramientas web responsive mientras en los puestos de trabajo siguen teniendo Internet Explorer 8 (explorador que no visualiza dicha tecnología) y no tienen intención de actualizarse no vaya a ser que ocurra algo. Y, a la pregunta ¿con qué resolución se va a trabajar normalmente? (para optimizar la herramienta a dicha resolución), la respuesta sea la misma que si les hubiese preguntado dónde colocamos el motor de curvatura para viajar al espacio. Es decir, ni se lo han llegado a plantear. Lo que sí saben es que el web responsive sirve para visualizar la herramienta en su móvil, planteamiento absolutamente inútil para un puesto de trabajo de gestión diario. Imaginad que en vez de trabajar con un monitor de 1600px o 1900px de ancho trabajásemos con nuestros móviles. Imaginad el infierno que sería ver tablas descomunales con “tropeciencientas” columnas o trabajar con formularios con el mismo número de campos a rellenar o visualizar.

Ahora venimos con otro término de moda, la experiencia de usuario o UX. ¡Todo el mundo quiere un diseño UX para todos sus proyectos! Eso sí, comprender que lo que van a tener es un prototipo gris y con tan solo alguna iteración y que eso tan triste y horroroso va a incrementar su presupuesto, eso es otro cantar. O, entender que cuando les enseñas dicho prototipo con el diseño visual realizado (muy bonito pero absolutamente de cartón piedra) no significa que lo tienes todo hecho y que mañana mismo puedes subirlo a producción.

¿Por qué entendemos que la cabina del Halcón Milenario es un decorado y sin embargo nos cuesta hacer creer que un mockup o maqueta de una herramienta software también lo es?

Seguro que muchos psicólogos, antropólogos, sociólogos, etc. habrán estudiado o estarán estudiando esta conducta humana, pero eso…, supongo que es…, y cito a mi queridísima y adorada Historia interminable de Michael Ende, otra historia y deberá ser contada en otro momento.

Elisa Iváñez del Pozo


1 comentario

Inés · 23 marzo, 2019 a las 3:29 pm

¡Totalmente de acuerdo! Buen Post.

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